Con empeño y pasión. Nicanor Quinteros va a primer año y vive en un barrio humilde de Pocito. Da clase a 34 chicos.

Como un gran maestro. Nico utiliza todas las tardes su chaqueta verde. Ayuda a los chicos y a la vez organiza todo para que puedan merendar. Con una lata de arvejas se inventó un micrófono para los actos.

Todo lo hace con pasión. No sabe que su tarea es tan noble que está marcando el futuro de niños de su vecindario. Y aunque para él todo comenzó como un gran juego, hoy es respetado por niños y padres del barrio Las Piedritas, en Pocito. Nicanor Quinteros, popularmente conocido como Nico, tiene 12 años y creó una “escuela” en el patio de su casa y les da clase de apoyo. En una habitación de caña, techo de nailon y con cortinas que separan las aulas, Nico asiste a 34 chicos de entre 4 y 14 años. “Sin saberlo sigue los pasos de Sarmiento”, dijo la abuela del chico que es quien cría al niño desde hace 7 años y se encarga todas las tardes de hacer té para ofrecerle a los “alumnos”. La historia de Nico se dio a conocer por Canal 8.

Es un ídolo para sus vecinos. La gente del barrio lo apoya en cada cosa que hace y muchos papás de la zona le confían a sus hijos. Es que, a pesar de tener sólo 12 años, se desenvuelve como un adulto y trabaja con mucha seriedad. Cumple los horarios a rajatabla, se hace respetar y cada vez que pide silencio los alumnos le obedecen sin dudar.

El chico contó que hace 3 años comenzó con la escuela que se llama “Patria Unida” (aunque al cartel de la escuela lo escribieron mal y dice Patria Unidad). A la vez dijo que a este “gran establecimiento educativo” lo inventó jugando. Sin embargo, admitió que nunca pensó que ese ranchito que sus tíos habían levantado con nailon y cañas para guardar las motos y las bicicletas, hoy serían tres diminutas aulas para enseñar a sus vecinos.

Cada aula no mide más de 2 metros cuadrados y está destinada para chicos de diferentes edades. Cada una tiene pequeños pizarrones y algunos pupitres viejos. Mientras que en la salitas donde funciona el jardín de infantes tienen blocks de hormigón con maderas para que los pequeños se sienten a dibujar y jugar.

Enterado el ministro de Educación, Felipe De Los Ríos, se comprometió a visitarlo el lunes.

“Nunca pensé que podía ser tan importante lo que yo hago”. “No me canso de enseñar. Me gusta que sean buenos alumnos”.

La escuela funciona en tres turnos de 2 horas cada uno (de 14 a 16; de 16 a 18 y de 18 a 20). Antes de comenzar las clases, los alumnos y los docentes, que son todos niños, entonan el Himno Nacional Argentino o alguna otra oración a la bandera. Izan la celeste y blanca y saluda a todos los maestros. Es que además de Nico hay otras chicas del barrio que ayudan en el rol de docentes.

 

En la entrada de la escuela, un escritorio con una computadora que no funciona, una lata de arvejas que es usada como micrófono para que el sonido sea más fuerte y una bandera que el mismo Nico coció a mano sobre una sábana vieja para que se vea más grande, decoran la dirección donde el niño guarda las carpetas de asistencia y las evaluaciones que le toma a sus alumnos.

 

La escuela funciona con mucha seriedad. Es que a Nico le gustan las cosas bien hechas. Incluso los papás de algunos alumnos comentaron que sus hijos mejoraron el rendimiento escolar cuando comenzaron a ir a la escuelita de “los Quinteros”.

 

Nico trabaja arduamente. Comentó que una vez por semana le pide a los chicos que lleven los cuadernos con los que toman clases en la “escuela de verdad”. De esta forma él puede ver en qué están trabajando y qué deben reforzar para poder darles apoyo desde su casa. “Además tomamos pruebas varias veces al mes y la mayoría de las clases trabajamos muchos ejercicios de matemática, que es lo que a todos les hace falta repasar”, dijo el niño que no sólo hace de maestro y director, sino que también se encarga de lavar los guardapolvos que los chicos usan en su escuela y hasta junta plata, de su propia merienda, para poder comprar el té que les convida mientras están en clase.

 

Un gran “docente”. Todas las tardes cuando los alumnos ingresan a clases, Nico saluda a los chicos, quienes responden con mucha alegría.

 

 

La escuela de Nico funciona a pulmón. Sus tías y su abuela son quienes más lo apoyan y el niño está en todos los detalles para que su escuelita contagie ganas de estudiar y a la vez muchos valores.

 

Nico contó que además de las tareas escolares le gusta organizar las fiestas patrias y que él, su abuela y hasta los papás de los alumnos ayudan a confeccionar trajes para que los chicos puedan lucirse.

 

“Todo los años, para el día de la madre le regala a cada mamá algún trabajo que hace con los chicos con una flor, en clase. Cuando hay elecciones nos hace votar en la escuela, para que los demás alumnos puedan ver de qué se trata una elección”, comentó Mercedes Quinteros, una de las tías de Nico, que no pudo contener las lágrimas cuando contó que hay chicos que van a estudiar a la escuelita de su casa porque en ocasiones no tienen qué merendar. Ayer, algunos chicos fueron a clases de ojotas porque no tienen calzado abrigado. “Además nos divertimos, mi primo enseña educación física y hasta hacemos excursiones a la plaza del barrio como tarea extraescolar”, dijo.

 

La bandera. Con un mástil improvisado y una humilde bandera, los chicos saludan a la enseña patria todas las tardes. La escuela además tiene un cuerpo de bandera formado según las notas de los alumnos.

 

 

>> Los “alumnos”

 

Corina Segovia

 

Corina tiene 4 años y asistencia perfecta en “la escuela”. Asiste con sus hermanos y le encanta dibujar en cada clase. Su “maestra” es Priscilla Espinosa, una nena que tiene 10 años y que todos los días la hace jugar y hacer dibujos. “Me gusta venir a esta escuela porque me divierto mucho”, dijo Corina que vive a pocas casas de la “escuelita” que Nico fundó en el barrio.

 

 

Aldana Castro

 

Aldana tiene 12 años y es otra de las “maestras” que hay en la escuela. Dijo que hasta hace unos años no le gustaba ir a la escuela, pero que ahora está fascinada con todo lo que aprendió y a la vez puede enseñar a los niños más chicos que ella. “Nico es un gran maestro. Somos felices cada tarde que estamos en esta escuelita”.

 

 

Dalmiro Segovia

“Estamos aprendiendo mucho en esta escuela. Nico es muy exigente, pero está bueno. La otra vez no me sabía las tablas y no me dejó salir al recreo hasta que no se las dijera bien”, comentó Dalmiro que tiene 8 años. El niño dijo que le encanta ir a la escuela de su vecino y que además se divierte mucho. “Nos gusta porque después nos dan té”, agregó entre risas. diario de cuyo.

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